Un homenaje a Pablo Neruda

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Un 12 de julio de 1904, nació en parral Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto más conocido por su seudónimo de Pablo Neruda, persona que admiro por la gran influencia que tuvo y por ser el mejor poeta del siglo XX.

Tras publicar algunos libros de poesía, en 1924 alcanzó fama internacional con Veinte poemas de amor y una canción desesperada, siendo este mi libro preferido del poeta.

En 1939 experimenta un giro en su vida hacia la política, ingresando al partido comunista donde aproximadamente 30 años después, es proclamado como pre-candidato, finalmente renuncia a su candidatura a favor de Salvador Allende.

Con  39 publicaciones en vida Pablo Neruda ganó el premio Nobel en 1971 y fallece un 23 de septiembre de 1973 bajo el contexto del golpe de estado del 11 de septiembre.

Bueno aquí les dejo un poema del libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada, si bien es bastante conocido vale la pena volverlo y re-volverlo a leer, saludos.

Poema 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: “La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.

El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

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